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Silvia: mujer, actriz, madre, leyenda

Insisten en llamarla “la última Diva” del cine mexicano, pero nuestra artista màs polifacética es muchas cosas, menos “eso”.

Talavera Serdàn

EL VOCABLO “Diva” en la etimologia del latìn se traduce en “diosa”; pero es un clichè muy socorrido por los medios. Etiqueta colgada a alguna celebridad, famosa por su talento mayormente, pero cuyo comportamiento sobrevaluado se observa en su carácter volátil, petulante, tan segura(o)s de sì mismos que literalmente se comparan con dioses, o divinidades, y con frecuencia creen actuar como tales.

Puedo asegurarles que la señora Pinal no lo es (su contraparte directa en Mèxico sería, definitivamente, Marìa Fèlix, o la Callas, la Tebaldi, y en varones cualquier tenor sobrevaluado). 

UNA DE LAS SALAS de la mansión, note la pared de lava.

SI DE TALENTO o popularidad se trata, la señora Pinal podría darse el lujo de la altanerìa, pero de las estrellas “grandes”, de alcance internacional, doña Silvia es una de las artistas màs terrenales que conozco y he tenido la fortuna de tratar.

MUY GUAPA, de 1:73 mts de altura y anatomía cimbreante bendecida con figura de reloj de arena y piernas bien torneadas, al llegar al cine tras dos o tres roles menores que la destacan, logra el estrellato del que ya nunca la bajaràn, y muy pocas alcanzaràn. Se trata de una mujer muy trabajadora, esforzada, que en su versatilidad puede hacer comedia, musical o drama, aceptando todo tipo de papel que le ofrecen, y todo lo hace bien. 

SILVIA HIDALGO, aunque la han hecho “nacida” en Sonora (como La Fèlix), en realidad sale a la luz en la ciudad de Mèxico, D.F., en septiembre 12, 1931, lo que tiene cumplidos 92 años. Una de las actrices màs chambeadoras que conozco –situaciòn que la pone en desventaja en el terreno maternal–, pese a haber dado vida a cuatro vástagos, todos en el terreno artìstico, destacando por méritos propios.

LA CONOZCO en los 70s, vìa mi amigo veracruzano Nereo Mendoza (a quien mencionan de nombre en la TVserie dedicada a Juan Gabriel), simpàtico y servicial que asistió en todo terreno también a Marìa Victoria y Lola Beltràn. Nereo me invita a conocer la casa de Silvia, permitido por ella, y a poco de irme a vivir a la capital mexicana visito su casona en el Pedregal de San Àngel (Ave, de las Fuentes), un noviembre 19, dìa después de mi cumpleaños –que comparto con su gran amigo Pedro Infante–. La residencia, montada sobre las rocas volcánicas escarpadamente caprichosas, es una maravilla arquitectónica (en un terreno muy amplio, escalones tallados llevan a la recàmara principal, redonda, con gran vitral que domina jardín, cancha de tenis y alberca: debajo, una cueva natural se convierte en bar, con su sinfonola al lado, y la cava subterránea es inmensa (curiosamente, Silvia es abstemia, no toma ni fuma, energía que vuelca en su trabajo. Ese dìa aùn no asean y hay indicios del fiestòn de anoche. (Silvia me confiesa cierta vez que aùn sigue encargando misas para Pedrito en cada aniversario). Hay tanto que describir, que me quedo corto, aparte de salirme de contexto.

A INICIOS de los 60s, el puente laboral del dìa 20 de noviembre, que conmemora el inicio de la Revoluciòn, Nereo me ofrece el pase a la residencia de una de mis actrices favoritas, de las màs guapas y la màs versátil, que para entonces ya filmò en Italia y España, al lado de De Sica (el de Dos Mujeres, Ayer Hoy y Mañana), y Adolfo Marsillach (Maribel y la Extraña Familia) y otras comedias familiares, y que es comparada en Cannes con la gran Giulietta Masina en su interpretación de La Soldadera, de Pepe Bolaños. 

VIRI y yo, en el jardín de los Alatriste-Pinal, 1980.

INCENTIVOS naturales para nuestra estrella casera, que con el amor y la lana de Mr. Alatriste, se cuela, pase merecido, a la liga de los grandes cuando don Gustavo acuerda producirle algunos films al legendario don Luis Buñuel, cineasta ya reconocido mundialmente, que halla en Silvia a la intèrprete idònea para su cine surrealista: El Àngel Exterminador, Viridiana (que gana en Cannes con bandera española durante la dictadura de Franco, quien al caer en cuenta de la burla del cineasta al franquismo, prohíbe la exhibición del film: sus fanáticos viajan de España a Francia sólo para disfrutarlo). Y el cìrculo se cierra con algo que queda en mediometraje de final muy buñuelesco, Simòn del Desierto, farsa anti-catòlica deliciosa con Silvia como un muy convincente Satanàs. 

YA INSTALADO YO en el D.F., y tras corta serie de empleos burocráticos, entro de forma casi mágica el mundo del cine (primero, como Gerente de Programaciòn de 125 cines defeños de la Cìa. Operadora de Teatros (ya difunta), seguido como organizador del Festival de Directores para esa rama de Sindicato de Trabajadores de la Producciòn Cinematogràfica de la R.M. (Repùblica Mexicana). Como creador, coordinador y promotor de los valores culto-artìsticos del cine mexicano, que los ha tenido (aunque no con la consistencia deseada), elijo films sin estrenar, particularmente por la censura –llamada entonces “supervisión”—de la mujer màs poderosa de los medios, doña Margarita Lòpez Portillo, hermana de yasabequièn.

CONSIGO, con labia de vendedor y el apoyo moral del Secretario General del Sindicato citado, y gran amigo y mejor jefe, don Sergio Vèjar (un favorito de doña Màrgara, o “la pésima musa” como la llama otro amigo adorado y leyenda viva del cine de oro, don Alejandro Galindo, dada la insistencia nada sutil conque la doña insiste en compararse con nuestra gloriosa Dècima Musa, Sor Juana), y logramos los permisos de exhibición a películas notables que de alguna manera “estorban” al lòpezportillismo, en perenne estado de “supervisión”, o sea censura descarada: Cascabel (de Araiza), La Viuda Negra (de Ripstein), Retrato de una Mujer Casada (Bojòquez), Las Apariencias Engañan (Hermosillo) y varias otras màs sin la simpatía oficial.

SILVIA Y VIRIDIANA ALATRISTE.

OTRA de ellas, La Seducciòn (Ripstein), con Gonzalo Vega, Katy Jurado, y la nueva promesa, Viridiana Alatriste, la hermosa hija de don Gustavo y doña Silvia. Como parte de mi labor, entrevisto ante Tv-càmaras a los artistas de cada una de los films elegidos para mostrarse en el Festival.

VIRIDIANA Alatriste es uno de los rostros emergentes màs hermosos del cine, de pedigrì intachable, y pido una entrevista con ella, que consiste en que se dirija, corte-ediciòn mediante, a todas las estaciones de televisión de los sitios que recorre el Festival: Tampico, Guadalajara, Monterrey, Culiacàn, Mazatlàn, Chihuahua, Cd. Juàrez, y DF, como base, y otras que se quedan en el olvido por su escasa recepción.    

LA LINDA VIRI se aboca entusiasta a la tarea, y la serie de entrevistas en la casa paterna. Doña Silvia está enterada, y antes que llegue con mis huestes televisivas (de Canal Once, donde también colaboro), ordena se nos preparen bocadillos y refrescos. Mi querido primo Raùl Rojas me acompaña en una ocasión. Viri es ya una profesional (hará todavía otro film para la productora de su padre, La Combi Asesina; teatro, La Fierecilla Domada, y telenovelas: Cachùn Ra! Rà!, Mañana es Primavera), y le entusiasma esto de las promociones. Me pide, y cumplo, enviarle o llevarle todos los recortes de prensa que la mencionen, lo que hago formalmente durante dos años. 

HASTA QUE EN OCTUBRE 25, 1982, la noticia de que Viridiana se mata conduciendo su deportivo por las calles escarpadas que rodean su residencia, deja a Mèxico sin aliento.

LA NOTICIA terrible me llega estando en Juàrez, donde le dedico un panegìrico que me dictan la rabia y el dolor auténticos, porque desde el principio de nuestra relación amistosa, ese àngel me entregò su alma sin reservas, y me satisface que fui capaz de cumplirle sus deseos de ver cómo su nombre ascendió profesionalmente.

TARDO AÑOS en volver a la faràndula, como comentarista colaborando con medios como El Sol de Mèxico, para quienes cubro la Reseña, que naciò anual y que contribuí, con la entonces directora de Cineteca, la formidable Nicole Dugal, a convertir en semestral; con El Universal, el Fìgaro, Vogue Mèxico y otras publicaciones. Hasta que inevitablemente me encaro con doña Silvia, en un homenaje que en Cineteca nueva le rinde Pecime (Periodistas Cinematogràficos de Mèxico). Sin hacer movimiento que me delate, paso cerca de ella y me llama. Me reconoce, como “el amigo de mi hija”. Charlamos (la función ya terminò), me dice que ha recibido los envíos de prensa prometidos a Viridiana. Y al despedirnos, toma mi rostro por la barbilla, o acerca al suyo y me aplica un beso dulce y tierno. “Èste es por mì”, dice, y me da otro diciendo: “y este es por mi hija.”

VIRIDIANA, Buñuel, padrino de bautizo

VOLVIMOS A VERNOS en media docena de ocasiones, a veces de lejos, o como cuando fui a verla en uno de sus éxitos teatrales en el rebautizado “Teatro Silvia Pinal” (antes “Diego Rivera”, en cuyo lobby està la reproducción del cuadro que el famoso pintor hizo de ella). “Ìntimas enemigas”, al lado de la estupenda Adriana Roel. Pido saludarle pero me dicen que no hay paso; sin embargo, junto con mi nombre digo que “soy el amigo de Viri”, y mágicamente se me permite pasar a camerinos en el intermedio de funciones. Me reconoce, charlamos brevemente, ella tan dulce como siempre la he recordado, y al despido y tras las foto que ella insiste en que nos tomemos, me da esos dos besos mejilleros que me han acompañado desde siempre: “Uno por mì… y otro por mi hija.”

(EN MI PRÒXIMO Encuentros, Silvia en su vida y profesión. Y en Bellas Artes preparan un homenaje largo tiempo merecido a nuestra artista insigne.)

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